6 jul. 2013

Niebla en el Aspe


Norte y sur. Dicotomía que se refleja en la geología del Pirineo: las caras norte son por lo general abruptas y verticales mientras que la vertiente meridional desciende en moderadas pendientes. Los geólogos nos explican que esto se debe a la colisión entre la Placa Ibérica y la Euroasiática, pero a nosotros lo que nos importa son los paisajes resultantes y las posibilidades que nos ofrecen.

 Este es el caso del recóndito y silencioso valle de Aisa, cerrado en el norte por las espléndidas moles calcáreas de los Picos de la Garganta –entre los que sobresale el Aspe– pero abierto al sur en acogedor abrazo.

Además de la disimetría orográfica, está la acción humana. El lado norte, invadido por las instalaciones de la estación de esquí de Candanchú y la carretera internacional, contrasta con la magnífica soledad del valle de Aisa, frecuentado tan sólo por los sarrios saltarines y los rebaños veraniegos.

Venimos hoy, a mediados de junio, a lo que va a ser nuestra última esquiada de la temporada. El día es extraño. Mientras un sol brillante anima los valles, una nube gigantesca en forma de almohada se extiende durante decenas de kilómetros por las cimas de la cadena.

Los primeros rayos de sol nos sorprenden porteando los esquís en busca del blanco grial. Optimistas por naturaleza, confiamos en que su fuerza será capaz de deshacer la almohada de las cimas y regalarnos un gran día de montaña. Sin embargo, a medida que los zig-zags y vueltas maría nos acercan al límite de la niebla, ésta no sólo no remite sino que comienza a ganar la partida. La nube ominosa nos agobia. Más que al Aspe, parece que nos dirigimos a Mordor.

Paso a paso nos adentramos en la nada. Las rocas que encajonan la vaguada se difuminan entre la nieve y la niebla, la figura del compañero se desvanece, y la soledad y el silencio se adueñan de la montaña. Me encuentro en una especie de limbo, soy un dibujo en un folio blanco.

Durante un rato continúo ascendiendo. Trato de llegar al plateau desde donde, con tiempo claro, se vislumbra la cima, con la ingenua esperanza de que un golpe de viento deshaga la niebla lo suficiente para alcanzar la cumbre.

Es curioso como adaptamos nuestras expectativas. Durante la semana soñábamos con un día soleado de cielos azules; esta mañana nos conformábamos con un cielo cubierto y no demasiado viento; ahora daríamos cualquier cosa por un breve hueco de visibilidad, con ventisca, frío o lo que fuera, que nos permitiese llegar a la cima, con un mínimo de seguridad.


Me detengo, borracho, tambaleándome a cada paso. Levanto la cabeza intentando penetrar con la mirada más allá de la pantalla lechosa que me rodea, y me asusto al ver un alboroto de manchas oscuras danzando sobre un lienzo blanco. Durante unos instantes me quedo paralizado intentando comprender lo que pasa. Bajo la vista y me relajo al comprobar que veo nítidamente la punta de los esquíes, únicos objetos sólidos en este mundo evanescente y callado. Entiendo ahora lo que me ha ocurrido: el ojo, al no hallar ninguna referencia en el paisaje enfoca automáticamente las partículas que flotan en el vítreo. ¡Qué susto!

El Aspe en la niebla
El silencio se rompe. A través de la niebla me llegan las llamadas sordas de mi compañero que, con mejor criterio, se ha quedado algo más abajo. Me demoro unos minutos en tomar la decisión correcta. En realidad no hay nada que decidir, tan sólo terminar de aceptar que hoy no es el día.

Despellejo las tablas y bloqueo las fijaciones. Imposible girar. Derrapo poco a poco, sin saber si voy hacia adelante o hacia atrás, incapaz el cuerpo de percibir si está parado o en movimiento. Por fin me reuno con mi amigo y, tras una última ojeada a la impertérrita nube, nos reafirmamos en que los que sobramos somos nosotros, y nos disipamos rumbo al soleado valle y la cerveza del albergue de Aisa.

¡Qué extraño es vagar en la niebla!
Ningún hombre conoce al otro.
Vida y soledad se confunden.
Cada uno está solo.
(Herman Hesse)







Contraste entre el valle azul y la montaña negra






Cuando nos vamos, la gran almohada permanece inamovible










2 comentarios:

  1. Muy real lo de vítreo yo lo hago con frcuencia.

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  2. Pues es increíble la cantidad de porquería que podemos llegar a tener ahí dentro!!!!!

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