1 may. 2016

Anayet, Cara Norte



Avanzando por la Canal Roya con tiempo incierto
Ha parado de nevar pero el día se resiste a amanecer. Es una madrugada negra y revuelta en la que una difusa luna y algunas estrellas apenas se dejan ver entre oscuras masas de nubes zarandeadas por el fuerte viento.

Apagamos las frontales y continuamos la marcha remontando la Canal Roya, el largo valle que se introduce como un gancho en las tripas del Pirineo. Caminamos en silencio, salvando a trompicones los charcos de barro que salpican la ruta y atravesando en precario equilibrio los arroyos que descienden desbocados y bloquean el sendero.

Peregrinamos cargados con el peso de las mochilas y el aún mas grande de la incertidumbre. Son instantes críticos, cuando las dudas, agazapadas en algún lugar de nuestro cerebro, aprovechan cada tropiezo, cada ráfaga de viento, cada nubarrón que se interpone en nuestro horizonte para asaltarnos y convencernos de que es mejor darse la vuelta y regresar a la comodidad del coche, del bar, de casa. En estos momentos es preferible no decir nada, comerse en silencio la preocupación y tirar para adelante. Nos encomendamos a una meteo que nos pronostica una mejoría a lo largo de la jornada, si bien el viento y el frío van a ser una constante.

Por fin, al mismo tiempo que el sol consigue romper el cerco de las nubes, irrumpe ante nosotros, helada y magnífica, inundada de luz, la cara norte del Anayet. Montaña bellísima, es como la hermana pequeña del cercano y majestuoso Midi D’Ossau. Siempre saldrá perdiendo en las comparaciones, sin embargo las estampas que nos ofrece de cualquiera de sus escarpadas vertientes son espléndidas, y sus rutas de acceso, abruptas y verticales, aumentan su atractivo.

Los corredores de la cara norte, repletos de nieve en buenas condiciones, no presentan mayor obstáculo. La cuerda duerme en la mochila y tornillos y friends tintinean ociosos en el arnés. Sólo las feroces y caprichosas ráfagas de viento, que nos sacuden obligándonos a parar y encogernos hasta que remiten y nos dan un respiro, dificultan nuestra progresión.

Encaramados al fin en la exigua cima, insignificante isla azotada por el viento, me viene a la memoria la frase de un periodista deportivo que afirmaba que “la buena fortuna es patrimonio de los abnegados”. No se si somos abnegados, el término, en este caso, me parece un tanto excesivo, pero sí es cierto que al menos hemos perseverado lo suficiente para lograr completar esta magnífica ascensión.

El fuerte viento riza las nubes en la cima del Anayet 
Jon entrando en el primer corredor de la Cara Norte del Anayet
La Canal Roya al fondo, muy lejos ya

En pleno corredor 
Las condiciones de la nieve son estupendas
Últimas rampas hacia la cima 
Llegando a la cima. El Midi D'Ossau al fondo 
Mucho frío en la cima. Un foto y para abajo 
Jon descendiendo con cuidado hacia la cara sur