15 nov. 2014

El Faro de la Plata: escalando junto al mar



Los ojos sin vida de la sardina parecen reprocharme mi indelicadeza mientras le clavo el tenedor, la decapito limpiamente y me la zampo sin remordimientos. Estoy sentado en una mesa del merendero de Puntas, en Pasai Donibane, y al levantar el vaso de sidra observo, enfrente, la cortante arista que desde la punta de Arando-Txiki trepa hasta el Faro de la Plata.

El Faro de la Plata forma parte del paisaje de mi infancia, nuestro jardín secreto, cuando trotábamos por el Monte Ulia a la búsqueda de aventuras reales o imaginarias. Encaramado en su inaccesible atalaya y con su improbable forma de castillo de cuento, que le confiere un halo de misterio, bien podría haber sido escenario de las andanzas e inquietudes de Shanti Andia.

Es un hermoso paisaje de montaña al que el agitado mar añade un toque especial; un panorama de acantilados dramáticos, abruptas calas como la de Ilurgita –la “playa salvaje”, donde estuve a punto de ahogarme de crío–, el insospechado “fiordo” de Pasaia, y un laberinto de senderos, al que la balización de rutas y proliferación de guías en los últimos años está por fin otorgando el valor que merece.

Por si esto fuera poco, el Faro de la Plata cuenta desde este año con una espléndida vía de escalada, una ruta de 250 metros que nace en la orilla del mar y recorre el afilado canto hasta la cima de la peña, junto al mismo faro.

Inaudito que hasta ahora nadie haya osado jamás acometer tan magnífico itinerario; asombroso encontrar una vía de 5 largos junto al mar; insólito que podamos acercarnos andando desde casa; admirable, al fin, el trabajo que han llevado a cabo Stig y Mariano para descubrir el itinerario, desbrozar la maleza, equipar la vía y pelear los permisos necesarios.


Para mí, su mayor atractivo radica en el contraste con el paisaje de montaña habitual en nuestras escaladas. En lugar de un mar de nubes, nos elevamos sobre una interminable llanura líquida donde los excursionistas que transitan los senderos son reemplazados por blancos veleros, azules motoras y amarillos kayaks, que se balancean en las oscuras aguas, surcando invisibles caminos sólo conocidos por los iniciados.


La vía se llama Gokyo –como no podía ser de otra manera estando Stig por medio–, y por la belleza de la escalada, el espléndido ambiente y su moderada dificultad tiene visos de convertirse en toda una clásica.














Bixen Itxaso y Suso Ayestaran, disfrutando de la vida

3 comentarios:

  1. Es conveniente escalar la arista después de algunos días de tiempo seco. Nosotros la escalamos con tiempo húmedo y la cosa se pone bastante resbaladiza debido al líquen y la hierba. Aún así, la vía es todo un espectáculo! Zorionak eta mila esker!

    Arista eskalatzeko komenigarria da egun lehor batzuen ondoren egitea. Guk egun heze batean eskalatu genuen eta oso irristakor jartzen dela ikusi ahal izan genuen, liken eta belarra dela eta. Hala ere, bidea ikusgarria da. Zorionak eta mila esker!

    ResponderEliminar
  2. Kaixo Juankar.
    Hay nueva regulación para escalar esta vía.
    Se retrasa el comienzo al 1 de Agosto.
    Los tres primeros largos están reekipados con kimikos.

    L1. 6a (V/A0) 15 mtrs.
    L2. 6b (V/Ao) 20 mtrs.
    L3. 4b 50 mtrs.

    La variante de entrada directa sin equipar.

    Saludos.

    Stig Larrañaga

    ResponderEliminar