5 feb. 2013

Juan Laredo


Era un domingo temprano. Nos encontrábamos en Baraibar, bajo un cielo encapotado y gris. Varias personas charlaban animadamente bajo el alero de una casona mientras pateaban el suelo para quitarse el frío, otras subían y bajaban por la carretera en busca de información, los más permanecíamos impacientes en el interior de los coches. Había nevado durante la noche y la carretera a San Miguel estaba en malas condiciones. Una patrulla de forales había cruzado su vehículo en mitad de la calzada impidiendo el paso. Aguardábamos la llegada del quitanieves.
  En esas estábamos cuando vi bajarse de uno de los coches a dos personas que, inquietas, comenzaban a preparar el equipo de fondo. Una de ellas era Juan Laredo. Observándole, no pude menos que admirar su vitalidad: con sus más 75 años se desenvolvía con la energía y determinación de un hombre con la mitad de su edad.
  Me acerqué a saludarle. Ante mí tenía a toda una leyenda del esquí de fondo vasco, un pionero con décadas de experiencia, practicante además, a lo largo de su vida, de otras disciplinas como el esquí de travesía, montaña, escalada, piragüismo, maratones... en definitiva, un atleta.
  Pero no es su espectácular curriculum deportivo lo que más me admira de él –que también–, sino su inquebrantable espíritu, su perpetua ilusión y su inmensa constancia (admiración que se extiende a otros de su generación o inmediatamente posterior como Suso Ayestarán, Pepemi Glez. Muga, Casimiro Bengoetxea, Julio Villar, Manolo Díaz, etc. que continúan activos). Viendo sus preparativos e impaciencia por calzarse los esquís parecía que fuese su primer día. Nadie diría que lleva más de 60 años acudiendo a esquiar a Aralar, para, como describía en su libro Esquí ideal, esquí de fondo (San Sebastian, 1970), “recrearse en la contemplación del bosque con sus árboles cuajados de nieve, sentir el murmullo del arroyo bajo el helado suelo,... marchar por sendas vírgenes abriendo nuestros propios caminos”.
    Y la pregunta surge inevitable, ¿seremos capaces cuando nos toque –si es que llegamos– de estar a su altura?, ¿podremos mantener esta misma ilusión por la montaña que, por ejemplo, nos tiene hoy atascados en Baraibar, en un día tan plomizo y ventoso?


Guía de esquí de fondo publicada
por Juan Laredo en 1970
De pronto, saliendo de la curva a todo gas, apareció bufando el quitanieves. Apenas nos dió tiempo a reaccionar cuando ya varios coches salían disparados detrás de la máquina. Y entre ellos, de los primeros, el de Juan Laredo.

2 comentarios:

  1. Para cualquier esquiador de fondo, Juan es sin duda un referente, tenemos la inmensa fortuna de tenerlo muy cerca del Club y de disfrutar de su generosidad a la hora de compartir sus vivencias, que son muchas y de gran valor. Hace un par de años, para grabar una entrevista para las jornadas de esquí de fondo que organizamos en el CVCE, Juan vino con un álbum de viejas fotografías repleto de recuerdos y de amigos. Le pedí entonces acceso a esos documentos, hoy esos álbumes están en mi casa con el objeto de copiar las fotografías y recabar de su boca la información que contienen. Hablar de esquí con Juan Laredo es un auténtico placer, no solo por su perspectiva histórica y su conocimiento, sino, sobre todo, por su pasión por este deporte, que se mantiene intacta después de tantos años. Un auténtico privilegio.
    Rafa Elorza

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  2. Sobre todo pasión. A través de Suso Ayestaran me llegó el siguiente comentario, lacónico, de Juan sobre lo escrito en este post:
    - "Dale las gracias pero dile también que no es para tanto".

    A lo que contesté con lo siguiente:
    -"Entiendo que a Juan Laredo (y a Suso, de la misma quinta) le parezca que no es para tanto, simplemente hacéis lo que os gusta sin darle mayor importancia, que es lo normal. Pero no es tan "normal". Y no lo digo por el tema de la salud, sino por el espíritu y la ilusión que le ponéis. Mucha gente con la misma o más salud que vosotros se pasa el día "dirigiendo" obras públicas... o viendo el fin de semana 7 u 8 partidos de fútbol en la tele. Cuando yo les hablo de vosotros a la gente de monte, y a la que no lo es, se quedan alucinados".
    Juancar

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