31 ene. 2014

Picos de L’O Ibón (Olibón) y Ruabe de Vernera


En cada macizo montañoso, en cada sierra, siempre hay una montaña que bien por su altitud, estampa o grado de dificultad destaca sobre el resto. Son, por su singularidad, las más frecuentadas y se convierten en clásicas ineludibles. Las contemplamos desde otros macizos e incluso las atisbamos desde las autopistas, y desde la lejanía nos seducen y desafían. Inevitablemente, los picos en sus inmediaciones, por muy interesantes que sean, se ven reducidos a meros comparsas, el marco ideal para que la cumbre estrella destaque más. Este es sin duda el caso del macizo de Vernera, en el valle de Lizara, donde el Bisaurín monopoliza el paisaje desde su altura, atrayendo no sólo las miradas sino a la mayoría de los montañeros.


El domingo 11 de enero nos calzamos los esquís con la intención de ascender los Picos de Ruabe de Vernera y L’O Ibón, dos de esos picos llamados secundarios, cuya característica más destacada, compartida con muchos de los montes de esta zona, es que se defienden mediante formidables murallas de roca con escasos resquicios por los que colarse hasta sus cimas.

Los 942 m que separan el refugio de Lizara de la cima de L’O Ibón constituyen un modesto desnivel, sin embargo la orientación NE del corredor que da acceso a la cumbre es justo la opuesta, lo que obliga a dar la vuelta al macizo, cruzando primero el collado del Bozo para a continuación, mediante un flanqueo en dirección a la Foya de Aragües, alcanzar el empinado “couloir”.

Estamos en los primeros días del año, sin embargo un sorprendente sol, casi primaveral, nos calienta la espalda mientras avanzamos, al tiempo que transforma rápidamente la nieve. A pesar de las cuchillas, la fina capa deshelada nos obliga a apuntalar cada paso mientras engañamos la cuesta a base de vueltas maría. Aumenta la pendiente y la inestabilidad, los giros se vuelven un asunto delicado. Primero me voy yo, suave e inapelablemente, un par de veces. Mientras intento recuperar la verticalidad y la huella, Arsen, tranquilo pero sólido, me adelanta y se dirige resuelto hacia el collado. Ahora le toca el turno a Jon, le veo deslizarse sin remedio, la distancia suficiente como para hartarse, clavar los esquís y ponerse los crampones.

Sentado en el exiguo collado, Arsen aguarda filosófico nuestra llegada. Dejamos los bártulos y trepamos con cuidado el muro de nieve que nos separa de la cima de Ruabe de Vernera y, posteriormente, el colmillo rocoso del Pico de L’O Ibón. Enfrente, el Bisaurín, cual benévolo monarca, nos guiña un ojo como perdonándonos el no haber acudido a su llamada.

El descenso es memorable. La nieve transformada, que tanto nos incordió durante la subida, nos brinda ahora una magnífica pista en la que los esquís caracolean solos, sin apenas esfuerzo por nuestra parte. Como niños a los que les quitan un juguete, protestamos cuando agotada la nieve ponemos pie a tierra. Ufanos, peregrinamos hasta el refugio en busca de la merecida cerveza. 


Superado el collado del Bozo...

...continuamos el flanqueo hacia la Foya de Aragües

El sol calienta cuando comenzamos la subida hacia el corredor

Dejamos los esquís en el collado y subimos primero al Ruabe de Vernera

Arsen en el muro vertical que lleva a la cima. Al fondo el collado y el pico de L'O Ibón

Cumbre de Ruabe de Vernera. Al fondo Bisaurin

Llegada a la cima del Pico de L'O Ibón. A la izquierda la cima de Ruabe de Vernera y al fondo Bisaurín y Puntal de Secús

Arsen y Jon en el Pico de L'O Ibón.  Gora San Pedro!!!






***Ascensión realizada el 11 de enero 2014

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